Mesa de agua

Foto por Arturo Arrieta
Foto por Arturo Arrieta
Foto por Arturo Arrieta
Fotos por Arturo Arrieta
Cambios de vibraciones

Es nuestra propuesta para la exhibición “Mexico Ciudad de Diseño ( futuro)”, exposición que ofrece un diagnóstico especulativo de los desafíos y oportunidades que se avencinan para el diseño en su relación con esta ciudad.

No hay ciudad lacustre más árida que la que se hace llamar Ombligo de la Luna. Oculta en una de sus grutas, hay una mesa de agua sibilante que sostiene la probabilidad de todo. La mesa es un cuenco de agua sintonizado a todos los cuerpos de agua en el mundo que anticipa el futuro de los hombres por resonancia.

Se dice ‘mesa’ de este artefacto de adivinación sutil porque los antiguos creyeron que, cada 52 años, los dioses descendían al antro a beber una fracción ritualmente medida del agua servida en su cuenca. El verdadero y más antiguo sentido de la mesa era medir en su circunferencia vasta y secreta la corre- spondencia entre las voces de los hombres y el tiempo. Hoy sabemos que quien preside el vaticinio de estas aguas es un algoritmo intrínseco a las medidas del artefacto, y que todo augurio es un cálculo de frecuencias posibles sobre su orbe.

El procedimiento siempre es el mismo: los que desean preguntar beben del agua serena de la mesa para recibir respuesta; los que desean consumar un anhelo abren el ojo de agua de la cuenca arrojan- do una moneda antigua para propagar su intención.

En ambas ocurrencias, la tranquilidad del agua en la cuenca queda alterada con la vibración del deseo: las ondas ampli can suavemente sus círculos sobre el espejo líquido. En el borde, acontece el mila- gro: los bucles que topan con el lindero de la mesa vuelven a su epicentro; el futuro va al encuentro del pasado y ambos horizontes de tiempo colisionan 1,2,3—in nitas— veces para formar el presente. Quién mire los patrones de ondas formados sobre la mesa de agua sabe que el futuro ya fue lo que el pasado será. El tiempo es el sustrato líquido del mundo. Sin agua, no hay tiempo.

Las aves grises de la ciudad, que bajan al antro sin preguntas ni anhelos, sacian la sed con el agua de la mesa. Agua es todo lo que piden: beberla basta. El oráculo se ha salvado de la ruina por la reso- nancia algorítmica de gratitud.

Proyecto: Rozana Montiel Estudio de Arquitectura + Edwina Portocarrero

Colaboradores: Louise Rouzaud , Francisca López Pani
Proyecto sonoro: Arcángel Constantini
Producción de mesa de exhibición: Taller Tornel

Ubicación: Archivo, Diseño y Arquitectura, en la Ciudad de México.